Mis inicios en el club
Hace 2 años y 7 meses me uní a un club de lectura, el primero en mi vida lectora. Donde vivo no hay clubs de lectura, y pertenezco a un país que no cuenta con datos sobre el porcentaje de personas que leen como hábito. Es lamentable.
Compré un diario de lectura en una feria del libro, creado por la fundadora del club. La busqué en redes sociales y encontré un club que enviaba el libro a domicilio y realizaba encuentros virtuales. Fue maravilloso, aunque aun así fui indecisa.
Tras la incapacidad de terminar un libro completo y sentirme frustrada en el proceso, decidí participar en un reto lector. Luego me inscribí en el club. El primer libro fue Cambia el Mundo, de María Negro.
Pertenecer a un club
Cada mes recibía una caja literaria con el libro del mes, un separador y una tarjeta con un pequeño mensaje de la fundadora. Anotaba el libro en mi diario de lectura o reading journal antes de iniciar cada lectura y, al finalizar, escribía mis reflexiones o aprendizajes. Se convirtió en mi pequeño ritual mensual.
Encontré mi nicho, un nuevo mundo y una comunidad lectora. Las experiencias compartidas, las sesiones mensuales y los encuentros con autores me nutrieron mental y emocionalmente. Empecé a notar un cambio en mí. Cuando el club se dividió en dos grupos de lectura, elegí el de desarrollo personal para salir de mi zona de confort y nutrirme con los temas.
Los aprendizajes
Descubrí que los libros sanan el alma y son compañeros de vida.
Una comunidad te acompaña, te escucha y no te juzga.
Comprendí que el hábito de leer se crea con tiempo, dedicación y decisión.
Todos leemos en ritmos y tiempos diferentes.
Leí libros que nunca hubiera elegido por mi cuenta. Muchos de ellos terminaron siendo los que más me sorprendieron.
Aunque leamos el mismo libro, cada quien tiene un punto de vista distinto. Allí se crea el pensamiento crítico.
Incluso puedes conocer a una persona —o una parte de su vida— leyendo desde la distancia y reconocerla luego en los encuentros presenciales.
Cierre de un ciclo
El club terminó el año pasado. Fue un final agridulce. Al ver en mi librera todos los libros leídos con el club sentí un logro, una meta alcanzada. Pasé de no terminar un libro a leer uno o dos al mes, y sentirme satisfecha ha sido una gran hazaña. Disfrutar lo que viví en el club, a las personas que conocí y lo aprendido es, para mí, un cierre feliz. Estoy agradecida de haber sido parte de ello.
Estoy emocionada por lo que viene: el club se transforma en un espacio de temas mensuales donde la libertad de elegir leer el libro será la protagonista. Lo veo como una oportunidad. Me quedo por la comunidad.
“Leemos para saber que no estamos solos.”
-C. S. Lewis
¿Qué prefieres: el compromiso de leer un libro asignado por un grupo o la libertad de elegir tu propia lectura?
Te leo.
Ana Ma ✿


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